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Oración escrita









4. Oración escrita

Se trata de escribir aquello que el orante quisiera decir al Señor.

Para momentos de emergencia puede resultar la única manera de orar; en tiempos de suma aridez o de aguda dispersión, o en los días en que uno se siente despedazado por graves disgustos.

Tiene la ventaja de concentrar mucho la atención; y la ventaja también de que puede servirme para orar tiempos más tarde.


EJERCICIO ESPIRITUAL #2: ¿CÓMO APRENDER A ORAR EN FORMA ESCRITA?

Consideraciones Generales

Estimado(a) hermano(a): Digámoslo de una vez:"El centro de este ejercicio es el Altísimo Dios, el Santo de Israel. Su Nombre sea santo". Es mi deseo comunicártelo con el fin de que no lo olvides. Pues si lo olvidas, este ejercicio perderá su finalidad.

Para realizar este ejercicio espiritual necesitas, como en el ejercicio #1 mucha tranquilidad y oración.

Necesitas, además de la tranquilidad, mucha privacidad. No realices este ejercicio si estos tres aspectos no se cumplen.

La tranquilidad la necesitas para que puedas trabajar concentradamente, y para que todos tus sentidos tengan como meta ayudarte en la realización de este ejercicio. Es muy importante que a tu alrededor no existan ni ruidos ni movimientos que puedan distraer tus oídos y tus ojos. Lo ideal sería que entres en tu cuarto privado, o en tu oficina, o busques un lugar donde puedas estar completamente solo con tu Señor y Dios.

Dado que este ejercicio se ocupará de una forma constante --diaria-- con tu corazón; es de vital importancia que los escritos que produzca este ejercicio sólo puedan ser leídos por ti.

Los documentos que escribas al hacer este ejercicio no deben ser compartidos con una tercera persona. Bajo ninguna circunstancia. Será un documento que conocerán sólo tú y Dios. Si compartes tus escritos con una tercera persona, corres el peligro de que esa persona haga mal uso de esa información. Si decides compartir tus escritos con una tercera persona, y esa persona revela secretos de tu vida privada; sólo tú serás el responsable de ello. Tú serás quien elija.

También es importante el lugar donde guardas tus documentos. Debe ser un sitio donde sólo tú tengas acceso a él. Debe ser un sitio seguro, donde tú puedas guardar tus documentos bajo llave.

No informes a ninguna persona de tu entorno más cercano que estás realizando este ejercicio. Al hacerlo podrías despertar en ella la curiosidad por conocer tus documentos y leerlos. En este caso te recomendaría mucho respeto a sí mismo.

En la oración buscarás constantemente la dirección del Espíritu Santo para que puedas realizar este ejercicio con éxito.

Jesucristo resumiría todo lo anteriormente dicho de la siguiente manera:

"Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará en público (Mateo 6:5-6)".

Diálogo escrito con Dios es lo mismo que orar en forma escrita. Se trata pues en este ejercicio espiritual estrictamente de la oración. De la oración diaria. No en forma oral, sino en forma escrita. Los salmos, por ejemplo, son oraciones escritas. ¡Qué bueno que los salmistas también oraban en forma escrita! Si no lo hubieran hecho, no tendríamos hoy los hermosos salmos de la Biblia. Aquí aprenderás una de las más efectivas formas de orar.

Por supuesto: este ejercicio no debe en ningún momento sustituir tus oraciones orales o mentales. Él sólo ampliará tu visión de la oración. O sea, este ejercicio será sólo un complemento para tu vida espiritual.

Las herramientas de trabajo que necesitas para este ejercicio espiritual son un lápiz y mucho papel. En cuanto al papel, lo mejor es que te compres un cuaderno de resorte para que lo puedas doblar cómodamente.

Si quieres utilizar como herramienta de trabajo tu computadora personal, está muy bien. Sólo que debes asegurarte de que tus escritos los puedas leer únicamente tú.

Objetivo de este ejercicio espiritual

Aprender a orar y dialogar con El Altísimo, El Santo de Israel, en forma escrita.

Reflexión

Explicación del objetivo

"Sobre toda cosa que guardes,
guarda tu corazón,
porque de él mana la vida
(Proverbios 4:23 )".

"Cuida tu mente
más que nada en el mundo,
porque ella es fuente de vida
(Proverbios 4:23 )".

"Y sobre todas las cosas,
cuida tu mente,
porque ella es la fuente de la vida
(Proverbios 4:23 )."

"Con toda diligencia
guarda tu corazón,
porque de él brotan los manantiales de la vida
(Proverbios 4:23 )".

¿De qué se trata? Se trata de la ocupación en forma escrita, constante y disciplinada con tu corazón, con la finalidad de someterlo a la luz de la Palabra de Dios. Esto es lo que significa "guardar el corazón" o "cuidar la mente". Esto es lo que significa "diálogo con escrito Dios".

Pero, ¿qué se debe entender por la palabra "corazón"? Como lo dice la Palabra: El corazón es la fuente de tu vida; él es la fuente de tu existencia. De él emanan tus pensamientos; que son los que determinan tu forma de ser. Que son los que forman tu estilo de vida. Tu estilo de vida es la forma como tú te comportas, es la forma como tú reaccionas a las situaciones que la realidad te presenta. También es la forma como tú te relacionas con tu Creador. El corazón es, en el sentido más amplio de la palabra, tu propia persona, o sea, tú mismo. Cuando la Biblia habla de "el corazón humano" se refiere al ser humano de una forma integral.

En este ejercicio comparas tu forma de pensar, tu manera de ser, tu estilo de vida con la forma de pensar de Dios. Se trata de comparar la forma como tú ves la vida con la forma como Dios ve la vida. Aquí compararás tus conceptos sobre todos los aspectos de la vida con la forma como Dios piensa sobre esos mismos aspectos.

Someter nuestro corazón a la luz de la Palabra de Dios significa hacer armonizar nuestros pensamientos, nuestro comportamiento y nuestro estilo de vida con los pensamientos y principios del Altísimo. ¡Su Nombre sea alabado!

Hacer que nuestros pensamientos armonicen con los de Dios significa aprender a obedecer a la Palabra de Dios en todo cuanto sea necesario.

Para que este ejercicio espiritual tenga éxito es necesario retener en forma escrita tu manera de pensar, tus comportamientos, tus reacciones a las distintas situaciones que te ofrece la realidad que te rodea.

Retener nuestra manera de pensar, de ser, de reaccionar en un escrito nos permitirá conocernos profundamente. Y al mismo tiempo produciremos un material que someteremos a un estudio, con la finalidad de conocer si harmonizamos con la Palabra de Dios o no.

La manera de pensar de Dios ya está retenida en forma escrita: La Biblia. En ella podemos no sólo leer los pensamientos de Dios, sino también estudiar el comportamiento de Dios en relación con los hombres.

El cuaderno donde escribirás diariamente sobre tu vida, y donde dialogarás diariamente con Dios lo llamaremos simplemente diario. Este cuaderno será el diario de tus diálogos escritos con Dios.

Advertencia

Bajo ninguna circunstancia debes excluir a Dios y a su Palabra de tus diálogos escritos. Si lo haces consciente o inconscientemente, este ejercicio perderá su finalidad. Será entonces sólo una ocupación contigo mismo. Te advierto que no será muy fructífera.

Aspectos redaccionales

Cada vez que tomes tu cuaderno para dialogar con tu Dios, empezarás escribiendo la fecha de tu escrito. No olvides este detalle tan importante. Te permitirá después saber cuanto tiempo le dedicaste a un determinado problema para encontrar su solución. O te permitirá saber cuanto tiempo oraste por un problema hasta que Dios te respondió.

La fecha la puedes escribir de la siguiente manera:

02/10/2003 ó
Jueves, 02 de Octubre de 2003 ó
02 de Octubre de 2003 ó
02 Oct. 03

Si quieres escribir también el lugar y la hora en que comenzaste a redactar, lo puedes hacer. Pero no es de mucha relevancia.

Comienza a escribir espontáneamente. No debes perder tu tiempo pensando con qué tema vas a comenzar. Comienza a orar en forma escrita de igual manera como lo haces cuando vas a orar en forma oral. Comienza con lo que te salga del corazón. Así sin más ni menos.

Durante la redacción no corrijas lo escrito. Así que no te detengas a buscar errores ortográficos. No te estás formando como redactor, sino que estás aprendiendo a orar en forma escrita. Si quieres corregir lo que escribiste, te recomiendo que lo hagas después que termines de escribir. Podría ser un día después.

Si comienzas a corregir tus errores ortográficos durante la redacción, bloquearás el flujo de palabras que sale de tu corazón. Volverlo a recibir es a veces muy difícil. Con ello abrirás las puertas de la frustración.

El miedo a la página en blanco no tiene sentido. No olvides que tus escritos no van a ser leídos por terceras personas.

Evita interpretar lo que escribes durante la redacción. Durante la redacción sólo serás un observador de tu propia vida. Sobre ella escribirás. Si comienzas a interpretar lo que escribes durante la redacción de tus escritos, despertarás el espíritu crítico que hay en ti. Puede ser que el espíritu de crítica te diga que lo estás escribiendo es una estupidez o una tontería. Ello bloquearía el flujo de información que fluye a tu mente.

Después que termines de escribir sobre tus vivencias, permitirás que Dios dé su opinión al respecto. ¿Qué cómo? Preguntándose qué dice la Palabra de Dios en relación a lo que has escrito. Escribe la opinión de Dios en tu cuaderno.

Otra vez:

Simplemente comienzas a escribir como "salga del corazón". Escribe y escribe sobre lo que quieras. No corrijas los errores ortográficos durante el tiempo que escribes. No interpretes ni critiques lo que estás escribiendo por muy absurdo que sea. Deja que las palabras fluyan de tu corazón. No interrumpas este flujo de palabras. Después que termines de escribir sobre tus vivencias, le preguntarás a Dios qué opina al respecto. Es aquí al final de tu escrito donde comenzarás a permitir que tu Creador dé su opinión al respecto. Escribe la opinión de Dios en tu cuaderno.

A veces no notarás donde terminaste de escribir sobre tus vivencias, y dónde comenzaste a permitir que Dios hable sobre lo escrito. Puede ser que Dios te hable mientras escribías sobre ti. En ese caso déjalo hablar. Permite que su Palabra fluya por tus dedos y se plasme en tu página.

Cuando comiences a escribir pide la dirección del Señor. Por ejemplo, puedes escribir al comienzo:

Te alabo Señor, porque eres bueno. Tú eres mi Dios y mi Señor. Altísimo Dios y Creador de los Cielos y la Tierra, a ti elevo mi oración escrita. Invoco tu nombre en forma escrita para que tú me guíes con tu Espíritu Santo, y me des sabiduría.

o

Señor, quédate conmigo durante el tiempo que escriba. Lléname con tu Santo Espíritu. Ilumina mi mente para que entienda mis problemas.

o

Jesucristo, mi Redentor y mi Salvador, dirige mis meditaciones para que reconozca qué pensamientos perturban mi relación contigo.

Finaliza tus escritos con palabras de agradecimiento al Altísimo por haberte dirigido durante tu meditación escrita. Igual como lo haces cuando terminas tu oración oral.

Por ejemplo, podrías escribir:

Gracias, Señor, por haberme dirigido durante mi meditación. Estas veinte líneas han sido de mucho provecho. Al fin entendí, por qué la oración no siempre puede ser oral. Bendíceme el resto del día. Y permíteme mañana escribir más acerca de mis debilidades. Amén.

El éxito de este ejercicio depende de la constancia y la dedicación diaria. Y para ello necesitas disciplina.

"Aférrate a la instrucción,
no la dejes; guárdala,
porque ella es tu vida
(Proverbios 4:13)".


"Aférrate a la instrucción
y no la descuides;
ponla en práctica,
pues es vida para ti
(Proverbios 4:13)".

Escribe en algún lugar de tu habitación: "Ningún día sin una línea".

Es muy importante que durante los primeros tres años realices este ejercicio diariamente. Si no quieres escribir sobre ti, escribe sobre Dios. Escribe por lo menos una alabanza para Dios, Por ejemplo: "El Altísimo Dios, El Santo de Israel, sea alabado para siempre".

Si escribes veinte líneas cada cuatro semanas, no llegarás muy lejos.

Aquí lo importante es la constancia. Recuerda la enseñanza sobre el pdt (Principio divino para el trabajo). Son los pequeños pasos los que te llevarán lejos. Es mejor escribir una línea todos los días que veinte cada cuatro semanas.

Si escribes veinte líneas todo los días mucho mejor.

Hablar con tu Dios y Señor todos los días debe transformarse en ti en un hábito. Y eso lo logras si lo haces todos los días. Con constancia y dedicación. En otras palabras con mucha disciplina. Valora la disciplina. Sin ella no se te abrirán los cielos.

El contenido del diario

¿Sobre qué escribirás concretamente? Sobre tus pensamientos. Sobre tus sentimientos, sobre tus ideas, sobre tus sueños. No sólo sobre tus sueños que tienes cuando duermes. También escribirás sobre los sueños que tienes cuando estás despierto. Me refiero a esas fantasías que a veces tienes en la cabeza, que te llegan como si alguien te las susurrara.

Escribirás sobre tus iras, sobre tus rabias; pero también sobre tus alegrías y sobre tus bendiciones. Escribirás sobre tus pecados, y le pedirás también en forma escrita perdón a Dios. Meditarás en tu cuaderno sobre tus comportamientos, y te preguntarás qué dice Dios al respecto en su Palabra. Meditarás en tu cuaderno sobre la Palabra de Dios. Escribirás ciertos versículos bíblicos de gran importancia para ti, y responderás a la pregunta: ¿Por qué esos versículos son de importancia para ti?

Escribirás sobre tus miedos, sobre tus angustias, y orarás por ellas. Escribirás sobre tus preocupaciones, y al mismo tiempo te preguntarás lo que la Biblia dice al respecto. Escribirás sobre tus frustraciones, sobre tus desganas, sobre tu desánimo, sobre tu flojera mental, sobre tu falta de voluntad para alcanzar lo que te propones.

Siempre debes alumbrar los temas de tus escritos con la Palabra de Dios. Siempre debes enfocar tus escritos con la palabra de Dios. Después que sepas lo correcto y lo incorrecto que haces, debes tomar decisiones. Y esas decisiones deben siempre orientarse hacia la Palabra. Esas decisiones deben conducirte a la obediencia a Dios y a su Palabra. Hacer lo malo con conocimiento trae graves consecuencias para la vida.

¿Cómo son tus relaciones con los demás? En tu hogar, en tu trabajo, en la iglesia, con los vecinos, con tus hermanos, con tus hermanas. ¿Cómo es la relación con tu esposa y con tus hijos? ¿Qué tiempo le dedicas a Dios? ¿Qué tiempo le dedicas a tu familia? Sobre todas estas preguntas escribirás en tu diario. Y siempre te preguntarás qué piensa Dios sobre ello, y esto también lo escribirás.

Escribe sobre tu niñez. Escribe sobre tus traumas. Pregúntate si los has superado. Escribe sobre tu vida con Dios. Sobre su calidad. ¿Qué puedes hacer para cambiar?, en el caso de que tu relación con Dios no te haga feliz.

Escribe sobre lo que tu lees. Sobre los sucesos de tu ciudad. Sobre conflictos en tu trabajo y en tu familia. Pregúntate por qué sucedieron. Pregúntate qué dice Dios al respecto.

Escribe sobre lo que tu quieras. Y permite también que Dios opine sobre lo que tú escribas.

Quizá no quieres escribir sobre tu vida, sino solamente alabar al Señor en forma escrita. Entonces escribirás sólo alabanzas al Señor.

Quizá sólo quieres escribir sobre una persona amada por la cual quieres orar. Eso también es posible.

Quizá sólo quieres escribir sobre una experiencia que te parece curiosa. Pues hazlo.

Efectos secundarios de este ejercicio espiritual

Este ejercicio espiritual --si lo haces diariamente--ordenará tu corazón, tu mente y tus pensamientos. Aprenderás a conocer el caos mental de donde Dios te sacó.

Conocerás personalmente a la sabiduría. Ella se alegrará de vivir en tu corazón. Ella te enseñará la prudencia, el conocimiento y la inteligencia.

Aprenderás a relacionarte contigo mismo. Conocerás tus debilidades y tu fortaleza. Conocerás los dones que el Espíritu de Dios ha colocado en tu vida para la edificación del cuerpo de Cristo. Sabrás cuál es la buena voluntad de Dios para tu vida.

Aprenderás a pensar y a meditar bajo la dirección del Espíritu Santo.

No sólo aprenderás a amarte a ti mismo, sino también a tu prójimo.

Consideraciones finales

He escrito este documento con mucho amor y temblor. Ojalá que sus líneas te edifiquen. ¿Quién lo tomará en serio? Quizá el que sufra y tenga una sed inmensa por experimentar a la persona del Altísimo en su vida diaria.

Sé que no es nada fácil realizar este ejercicio. Aquí vale también la palabra de Cristo cuando dijo: "Muchos son los llamados, y pocos, los escogidos". Espero que seas tú uno de los escogidos.

Deseo ayudarte para que realices con éxito este ejercicio. Si tienes preguntas, estaré dispuesto a responderlas. Visita Escuela de Oración Online con regularidad; pues estaré publicando otros documentos que complementarán a éste.

¡Que el Altísimo te dirija!

JUAN DE LOS RIOS
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